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Salud oral en niños con síndrome de Down (trisomía 21)

Dra. Claudia ValenzuelaDra. Claudia Valenzuela·Odontopediatría··4 min de lectura
Salud oral en niños con síndrome de Down (trisomía 21)

En Bites Odontopediatría, en Vitacura, atendemos a niños con trisomía 21 desde que son guaguas, y una de las preguntas más frecuentes de las familias es qué tiene de distinto el cuidado de su boca. Soy la Dra. Claudia Valenzuela, odontopediatra, y en esta guía reúno lo que conviene saber, etapa por etapa.

Qué cambia en la boca

En la trisomía 21 hay algunas características de la boca y la cara que se repiten, pero conviene recalcar que cada niño es distinto. Los músculos de los labios, la lengua y las mejillas tienen menos tono (hipotonía orofacial), lo que favorece la boca abierta y la lengua hacia adelante. También se habla de macroglosia relativa: muchas veces la lengua no es más grande de lo normal, sino que la boca y el paladar son más pequeños, y por eso parece que no cabe. A eso se suma un paladar alto y estrecho, que influye en cómo se ubica la lengua y en la mordida.

Los dientes suelen salir más tarde, y algunos pueden no formarse. También puede haber diferencias en su forma, bruxismo y alteraciones de la mordida, que conviene ir siguiendo en el tiempo.

Un estudio en Suecia que siguió a 42 niños con trisomía 21 desde los seis meses observó que, a los 18 meses, tenían menos dientes erupcionados que los niños de su edad. No es motivo de alarma, pero sí una razón para acompañar el proceso de cerca.

Las encías piden más atención que las caries

A veces se tiene la creencia de que un niño con trisomía 21 va a tener más lesiones de caries, pero la evidencia apunta en otra dirección: una revisión sistemática con metaanálisis encontró una experiencia de caries menor que en niños sin el síndrome.

Donde sí hay que poner el foco es en las encías. Una revisión sistemática publicada en el Journal of the American Dental Association encontró que la mayoría de los estudios describen más enfermedad periodontal en personas con trisomía 21, sin que tuvieran más placa bacteriana que los demás; es decir, la inflamación es mayor de lo que explicaría la higiene sola: influyen factores del propio síndrome, como diferencias en la respuesta inmune. Y puede comenzar temprano, incluso con los dientes de leche.

En la práctica, eso se traduce en:

  • Cepillado desde el primer diente, supervisado y repasado por un adulto.
  • Hilo dental cuando los dientes se tocan entre sí.
  • Atención a encías que sangran o se ven rojas, que no son normales. Explicamos las señales en la guía de encías inflamadas en niños.
  • Controles más seguidos, en general cada 3 o 4 meses con limpieza profesional, según el riesgo de cada niño.

La primera visita, antes del primer año

La recomendación es la misma para todos los niños: la primera visita al odontopediatra antes del año o cuando sale el primer diente. En niños con trisomía 21, esa consulta sirve además para evaluar temprano la función de la lengua, los labios y la respiración.

Cuando hay hipotonía orofacial marcada, una de las herramientas de apoyo es la placa palatina de memoria, que se usa junto a la terapia con fonoaudiología para favorecer la postura de la lengua y el sellado de los labios.

Respiración y sueño

La apnea obstructiva del sueño es muy frecuente en niños con trisomía 21, por la combinación de hipotonía, vía aérea más estrecha y, a veces, amígdalas o adenoides grandes. Como lo que la familia observa no siempre refleja lo que pasa durante el sueño, la Academia Americana de Pediatría recomienda un estudio de sueño (polisomnografía) a todos los niños con trisomía 21 entre los 3 y los 4 años, aunque no tengan síntomas. Ronquido habitual, pausas al respirar o sueño muy inquieto son motivos para consultar antes. En la guía de respiración bucal y sueño explicamos qué observar en casa.

Cuando hace falta un tratamiento

Muchos niños se atienden en el sillón de a poco, respetando sus tiempos. Cuando se necesita un tratamiento más largo o sedación, lo planificamos con más cuidado. Con óxido nitroso, una sedación mínima en la que el niño respira por sí mismo, igual revisamos antes su historia cardiológica y respiratoria, y la estabilidad de las primeras vértebras del cuello. Si se necesita sedación profunda o anestesia general en pabellón, la planificación se hace junto al pediatra, el cardiólogo y el anestesiólogo que acompañan al niño.

Un plan que acompaña el crecimiento

La salud oral se cuida con constancia: controles periódicos, prevención enfocada en las encías y un equipo que conversa entre sí. En Bites lo hacemos dentro de nuestra atención para pacientes con necesidades especiales, adaptando cada visita a tu hijo.

Dra. Claudia Valenzuela

Escrito por

Dra. Claudia Valenzuela

Odontopediatría

Especialista en Odontopediatría, dedicada a la atención integral de pacientes pediátricos y sus familias. Se especializa en odontología preventiva, sedación consciente con óxido nitroso, rehabilitaciones en pabellón y frenectomías láser.

Bites Odontopediatría · Vitacura, Santiago