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Consecuencias del mal dormir en niños

Dra. María Luisa LópezDra. María Luisa López·Odontopediatría y Medicina del Sueño··6 min de lectura
Consecuencias del mal dormir en niños

En Bites Odontopediatría, en Vitacura, una parte importante de mi trabajo es evaluar el sueño de los niños. Soy la Dra. María Luisa López y trabajo en odontopediatría y medicina del sueño pediátrica. Cuando un niño no duerme bien, las consecuencias son mucho mayores que una simple "carita de cansado" o un bostezo.

Llegan mamás y papás preocupados porque a su hijo le cuesta dormir, se despierta muchas veces, ronca o rechina los dientes, y eso ya es una señal importante. Pero lo que muchos no saben es que el mal dormir no siempre se muestra de noche, y por eso me interesa mucho lo que pasa durante el día, porque en el día aparecen las huellas.

Dormir no es una pausa: son horas de trabajo silencioso

Mientras un niño duerme, ocurren cosas que no pasan estando despierto: se libera la mayor parte de la hormona de crecimiento, el cerebro consolida lo que aprendió durante el día, el sistema inmune se repone y el ánimo se reorganiza para empezar de nuevo.

Cuando ese proceso se interrumpe noche tras noche, los efectos se acumulan y no se recuperan durmiendo una siesta o un poco más el fin de semana.

Lo que el mal dormir le hace a un niño

En el aprendizaje y la atención

Durante el sueño es cuando el cerebro consolida la memoria e integra lo aprendido. Un niño que duerme mal no logra retener bien lo que aprendió durante el día. Además, le cuesta más mantener la atención, lo que se traduce en dificultades para el aprendizaje y menor rendimiento escolar.

En el desarrollo físico y el crecimiento

Durante el sueño profundo se libera la hormona de crecimiento, por lo que un sueño crónicamente fragmentado o interrumpido puede afectar el desarrollo físico del niño, causando que crezca menos de lo que podría.

En la conducta y el ánimo

Esta es la consecuencia que más sorprende a los papás. Los niños reaccionan al cansancio de forma opuesta a los adultos: en un niño agotado, lo que vemos es hiperactividad, un fenómeno conocido como "hiperactividad paradójica".

Un niño que duerme mal también puede mostrar irritabilidad, impulsividad, berrinches frecuentes y dificultad para calmarse. Puede parecer inquieto, desafiante o "demasiado eléctrico", cuando en el fondo está cansado.

Esto lleva a frecuentes diagnósticos erróneos de Trastorno por Déficit Atencional (TDAH). Por eso, si en la consulta hay sospecha o ya existe un diagnóstico de TDAH, una de las primeras cosas que reviso es el sueño. No lo hago para reemplazar otras evaluaciones médicas, sino porque muchas veces el cuadro mejora notablemente cuando el niño empieza a dormir bien. Incluso he tenido casos en los que, al resolver el problema de sueño, todo lo demás desaparece.

A largo plazo, el insomnio infantil sostenido es un factor de riesgo para desarrollar depresión, ansiedad o trastornos psiquiátricos en la adultez.

En la salud general

El cuerpo que no descansa funciona en desventaja en muchos frentes a la vez:

  • Aumento de peso: se alteran las hormonas del hambre y la saciedad (leptina y grelina) y aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad.
  • Aumento del cortisol: mantiene al cuerpo en un estado de estrés crónico.
  • Sistema inmune: las defensas bajan y se asocia a infecciones más frecuentes.
  • Enuresis: favorece que los niños se sigan haciendo pipí en la cama.
  • Salud cardiovascular: aumenta el riesgo de hipertensión arterial a futuro.
  • Alteraciones cerebrales: la falta de sueño puede reducir el volumen de las áreas del cerebro encargadas de la atención y la memoria.

¿Por qué lo evalúa un odontopediatra?

Aquí viene la parte que une mi especialidad con el sueño. Muchas veces un niño no duerme mal por un problema de hábitos o "maña", sino porque no está respirando bien mientras duerme.

La respiración bucal, el ronquido habitual, el bruxismo y un paladar estrecho son señales que el odontopediatra detecta de cerca, a veces antes que cualquier otra especialidad, y todas pueden indicar alteraciones del sueño de forma silenciosa, sin que el niño se despierte del todo. Las horas parecen suficientes, pero el descanso no es real. En su forma más marcada, esto puede derivar en una apnea obstructiva del sueño.

Por eso en Bites no miramos el sueño de forma aislada. Cuando hay un componente de vía aérea, trabajamos junto a otorrinolaringólogo, fonoaudiólogo y pediatra para ir a la causa, no solo al síntoma. Si quieres profundizar, escribí sobre la respiración bucal al dormir, sobre el paladar estrecho, el bruxismo y la apnea del sueño y sobre el bruxismo y el reflujo en niños.

¿Cuánto debería dormir tu hijo?

Cada niño es distinto, pero existen rangos de referencia según la edad, incluidas las siestas en los más pequeños. Estas son las horas recomendadas por la National Sleep Foundation:

Edad Horas de sueño (24 h) Siestas al día Horas de siesta
Recién nacido (0-3 meses) 16 a 20 h Polifásico -
3 a 5 meses 14 a 17 h 3 a 4 4 a 6 h
6 a 11 meses 12 a 15 h 2 a 3 2,5 a 4 h
1 a 2 años 11 a 14 h 1 o 2 2 a 3 h
3 a 4 años 10 a 13 h 1 0,5 a 2 h
5 a 13 años 9 a 11 h - -
14 a 17 años 8 a 10 h - -

Si tu hijo duerme habitualmente bastante menos que su rango, o duerme las horas pero amanece como si no hubiera descansado, vale la pena mirarlo con más detalle.

¿Cuándo dejar de atribuirlo a "una mala noche"?

Todos los niños duermen mal alguna vez. Lo que me causa alerta es cuando el patrón se repite:

  • Ronquido habitual, no solo cuando está resfriado.
  • Duerme con la boca abierta la mayoría de las noches.
  • Pausas en la respiración, ahogos o sobresaltos al dormir.
  • Sueño muy inquieto, sudoración nocturna o posturas extrañas para respirar.
  • Bruxismo o rechinar de dientes.
  • Dificultad extrema para quedarse dormido o despertares nocturnos frecuentes.
  • Cansancio, irritabilidad o problemas de atención de día, sin otra causa clara.

Ninguna de estas señales, por sí sola, confirma un problema. Pero cuando aparecen varias y se mantienen en el tiempo, conviene evaluarlo en serio en vez de esperar a que "se le pase con la edad".

Lo que quiero que te lleves

El mal dormir en un niño no se queda en la noche. Se ve en cómo se porta, cómo aprende, cómo crece y cómo se siente. La buena noticia es que muchas de sus causas son tratables, especialmente cuando hay un componente de respiración o de vía aérea que se puede abordar a tiempo.

Si reconoces a tu hijo en varias de estas señales, conversémoslo. Dormir bien no es un lujo: es parte fundamental de su desarrollo.

Dra. María Luisa López

Escrito por

Dra. María Luisa López

Odontopediatría y Medicina del Sueño

Odontóloga infantil especializada en medicina del sueño y hábitos, con un enfoque preventivo e integrador que va más allá de la salud oral.

Bites Odontopediatría · Vitacura, Santiago